En entrevista exclusiva con Aries, Rocío, hermana de Lautaro, sostuvo que un testigo contó que el conductor le dijo “de diciembre no pasas”.
El 9 de diciembre de 2024, alrededor de las 17.25, Lautaro Ramasco circulaba por avenida Tavella cuando sufrió un golpe en la cabeza que derivó en una fractura y un hundimiento de cráneo. Murió días después. La versión oficial de la fiscalía sostiene que dos hombres en situación de calle discutían en la vía pública y que, en medio de esa pelea, uno de ellos —identificado como Quispe Cejas— arrojó una piedra que impactó contra el vehículo de Lautaro e ingresó por la ventanilla abierta, causándole la lesión fatal.
En entrevista exclusiva de Rocío Ramasco a Aries -y que se puede ver en nuestro canal de Youtube-, repasó las principales pruebas por las que cuestionan la versión oficial. Entre las que están:
• Una agresión física constatada por médico legal meses antes del fatídico diciembre: En abril el propio Lautaro realizó una denuncia por agresiones. En la misma, expuso que Vaccarella se había presentado en la puerta de la casa de Sanso, la madre de sus hijos y la entonces pareja de Lautaro. En ese momento le habría propinado patadas y piñas mientras los hijos de ambos estaban presentes. Un certificado médico posterior habría constatado lesiones en el rostro y el ojo de Lautaro.
• Amenazas e insultos sostenidos hacia Lautaro y su familia: Sostienen esto en base a una sesión de WhatsApp Web de Lautaro que quedó abierta de la cual pudieron recuperar mensajes. Entre los mensajes resaltó que algunos se dirigían a la hija de Lautaro, entonces de 9 años. También aseguró que tuvo expresiones despectivas hacia su hermana, quién tiene discapacidad intelectual.
• Una advertencia certera: «Cuando uno hace algo, tiene que atenerse a las consecuencias. De diciembre no pasás», esto le habría dicho Vaccarella a Lautaro según habría declarado un compañero de trabajo suyo ante la UGAP.
• Un vidrio cerrado y un “orificio”: Aseguran que según las cámaras no se ve el vidrio del auto abajo. A ello suman, que según los testimonios de las primeras personas que asistieron a Lautaro, el vidrio del auto estaba cerrado y también sus puertas, por lo que para asistirlo tuvieron que “meter los dedos por el orificio que había hasta poder abrir la puerta”. Esa versión, indicó, se pudo constatar con el vidrio encontrado por amigos en el mismo lugar del hecho. También aseguró que esa piedra que fue encontrada “recién tres días después”, no tenía ADN ni de Lautaro ni de Cejas.
• Geolocalización: Advierten que según la geolocalización del teléfono de Vaccarella, lo ubica en el lugar del hecho días previos, el 6, y el mismo día del siniestro, el 9 por la mañana “con permanencia de más de una hora” en el lugar donde solía dormir la persona hoy imputada. Los mismos registros ubicarían a Vaccarella, en otras fechas, frente al edificio donde vivía Lautaro.
La causa avanza hacia el juicio sin estas líneas de investigación
Pese a estos elementos, la familia sostiene que la causa quedó orientada exclusivamente hacia Quispe Cejas, el hombre en situación de calle imputado por el hecho. En una audiencia con el fiscal López Soto en noviembre de 2025, según relató Rocío, el funcionario les comunicó que se pediría la elevación a juicio sin incorporar los elementos que la familia intentó aportar. Y así lo hizo, el caso se encamina al juicio con la hipótesis original: una pelea entre dos hombres en situación de calle de la que derivó, de manera fortuita, “un elemento contundente” que impactó contra el auto de Lautaro. La familia insistió en el cuestionamiento sobre el vidrio y destacó que un fragmento fue recuperado por amigos de la víctima en el lugar del hecho, días después. En el mismo, indicó, se observó un orificio de apenas del tamaño de dos dedos, insuficiente, según argumentó, para el ingreso de una piedra de 8 por 9 centímetros. Ese elemento no pudo incorporarse a tiempo al expediente por demoras en la constitución de la familia como querellante. “El fiscal nos dijo que nos iban a dar tiempo y de repente pidió la elevación a juicio”, lamentó la mujer.
La audiencia de acusación estaba prevista para el 9 de septiembre, pero fue reprogramada para octubre.
«Esto no fue un accidente»
De acuerdo con el relato de Rocío, la sospecha de que algo no cerraba surgió de los propios médicos que atendieron a Lautaro, quienes habrían señalado que la lesión no era compatible con un siniestro vial. La autopsia, agregó, habla de «un elemento contundente» de aproximadamente tres centímetros como posible causa de la herida —una descripción que, sostuvo, se aleja de la hipótesis de la piedra y que el propio fiscal a cargo, Federico Jovanovics, comenzó a repetir sin volver a mencionar explícitamente una piedra.
En ese contexto, un policía de la comisaría de San Remo se habría comunicado con Rocío en la madrugada del 10 de diciembre —mientras ella esperaba en la puerta del Hospital San Bernardo— para pedirle que radicara una denuncia, dado que la lesión no coincidía con la versión del accidente.
Denuncias cruzadas y allanamientos cuestionados
Tras radicar la denuncia, precisó, el propio Vaccarella multiplicó denuncias en su contra —entre ellas, una por calumnias e injurias— las que, comparó, avanzan con una celeridad que sus propias presentaciones nunca tuvieron. Por esa causa hubo una audiencia hace semanas atrás entre Vaccarella y los padres de Lautaro y Rocío. La mujer indicó que se dispuso a pedir disculpas por haberlo insultado; pero que se mantendrá firme en la hipótesis de la muerte de su hermano.
También se refirió a los cuestionados allanamientos por los que hoy hay un policía de la UGAP separado. A partir de la denuncia por la muerte de Lautaro, se ordenaron dos allanamientos, uno en su casa y otro en la de Vaccarella. Rocío contó que les “dieron vuelta todo, como si buscaran algo”, lo que percibió como un procedimiento contra un acusado y no de una víctima. Ese operativo, indicó, estuvo liderado por un oficial de apellido Guerra, hoy separado de la UGAP, porque habría alertado a Vaccarella sobre el operativo antes de que se concretara.
En ese allanamiento se secuestró un teléfono celular que, de acuerdo con el relato de Rocío, contenía registros de una conducta que describe como obsesiva: búsquedas del perfil de LinkedIn de Lautaro, contactos con terceros para preguntar por él, e incluso —el mismo día del hecho— gestiones para averiguar el estado de salud de Lautaro en el hospital incluso antes de que la propia familia fuera informada.
El mensaje que la persigue
Rocío Ramasco asegura que hay una pregunta que aún hoy le resuena. Contó que, mientras viajaba por ruta tras enterarse de que su hermano tenía apenas un 35% de probabilidad de sobrevivir, la primera persona en la que pensó fue Vaccarella porque sabía de las amenazas. Le escribió, contó, diciéndole que esperara «no tuviera nada que ver» con lo sucedido y que la respuesta de él fue reprocharle no “haberle escrito antes, cuando se hacía el langa» con su expareja.
«Desde ese día”, indicó, “me pregunto qué hubiera pasado si yo lo hubiera escrito antes. ¿Qué me quiso decir, Lautaro estaría vivo?».
Aries




