‘Yo no me olvido de las francesas’ – ¿Cuántos salteños no se olvidan de las francesas?

Una sombra persigue al candidato

La noche del pasado domingo, cuando en la sede del Partido Justicialista de Salta se anunciaba que Juan Manuel Urtubey iba a encabezar la lista de candidatos a senadores nacionales por Salta del kirchnerista frente Fuerza Patria, se produjo un acalorado intercambio verbal entre el recién ungido candidato y una militante barrial: Mónica Sánchez.

Disconforme con la decisión del Partido Justicialista intervenido desde Buenos Aires, Sánchez dirigió en voz alta y con aspavientos ostensibles una serie de cuestionamientos a Urtubey, mientras una persona intentaba interponerse para que otro de los presentes no filmara la tensa escena con su teléfono celular.
Como ya ha sucedido en ocasiones similares, a Urtubey se le descompuso el gesto, si bien –dentro de la incomodidad– intentó contraargumentar con su vocezuela y confrontar con la exaltada militante con cara de «yo no fui».

En el vídeo que hoy publica el diario El Tribuno se puede ver a Urtubey respondiendo con altanería y desprecio a las acusaciones. Pero -llamativamente– el exgobernador responde con el silencio más perplejo a uno de esos reproches: el asesinato de las turistas francesas.

A grito pelado –aunque sin abandonar su silla– Sánchez le afea: «¡Yo no me olvido de las francesas!».

Pero ¿cuántos salteños, además de la lideresa de la Tupac Amaru, se «acuerdan» de las francesas? ¿Cuántos relacionan el naufragio de la investigación judicial y la fabricación de impunidad con Juan Manuel Urtubey?

Al exgobernador de Salta le sucede como a otros a quienes el imaginario popular relacionan exclusivamente con un suceso desafortunado (Celestino Rodrigo con la devaluación, Ricardo Mazzorin con los pollos importados de Hungría, Enrique Mathov con los muertos de diciembre de 2001, o Ricardo Jaime con la tragedia de Once).

No hay dudas de que la larga sombra de las turistas francesas y de su trágico calvario acompañará a Urtubey por todo el resto de su vida. El que hoy se ofrece a la ciudadanía como el antídoto contra el veneno mileísta lleva impreso a fuego en su frente el afrentoso rótulo de «Turistas Francesas»; es lo que lo ha hecho famoso en todo el país y en buena parte del mundo.

El problema es que esta creencia popular, que no conoce ya de fronteras, se ha ido afirmando con el correr de los años. Al cabo de ellos, Urtubey no enfrenta unas simples habladurías y leyendas urbanas sobre mujeres muertas durante su mandato como Gobernador sino que tiene ante sí un grave problema de imagen que impacta directamente en la intención de voto.

Si todas las mónicas sánchez de Salta hacen escuchar su voz en las próximas elecciones, Urtubey no solo no será senador nacional sino que no sacará ni para el boleto de ómnibus.

Mientras se mantenga la parálisis del aparato judicial salteño y persista la negativa de jueces y fiscales a investigar en profundidad el caso y hallar a los verdaderos culpables del atroz crimen, la responsabilidad de Urtubey en el asunto no dejará de crecer. Será recordado por la Historia como «el Gobernador de la impunidad».

Si en los catorce años que han transcurrido desde el crimen Urtubey no ha conseguido despegarse del asunto de una forma convincente y definitiva, y todavía hay gente capaz de recordarle en la cara –y a los gritos– su responsabilidad en el asunto, es probablemente porque algo de lo «se dice por ahí» es cierto.

Ningún político responsable y honesto deja que a su alrededor crezca sin parar un mito que lo perjudica notablemente sin hacer el más mínimo esfuerzo por intentar desmontarlo.

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