Urtubey, con su carrera política acabada, pretende desesperadamente un lugar en el peronismo para volver al Congreso

El exgobernador tiene la intensión de ser candidato a senador nacional y multiplica gestos de acercamiento al peronismo. Su intento enfrenta el rechazo de distintos sectores que lo ven como un dirigente sin base territorial ni peso real.

Juan Manuel Urtubey transita por estos días una verdadera carrera contra el tiempo. A medida que se acercan las definiciones para el cierre de listas, el exgobernador salteño intensifica sus contactos, apariciones mediáticas y reuniones informales en busca de lo que hasta ahora se le viene negando: un lugar con chances reales dentro del armado peronista que le permita competir por una banca en el Senado Nacional.

Con un discurso que intenta mostrar equidistancia entre el oficialismo y la oposición dura, Urtubey recorre algunos pocos barrios y estudios televisivos tratando de posicionarse como una opción de “unidad” dentro del peronismo. Sin embargo, su figura despierta más dudas que entusiasmo entre los dirigentes del peronismo salteño que lo consideran un actor marginal sin estructura propia ni capacidad de arrastre en su provincia.

El exmandatario salteño, que alguna vez sonó como presidenciable, viene de años de irrelevancia política. Su fallido intento de lanzar una tercera vía junto a Roberto Lavagna en 2023 terminó en un rotundo fracaso. Desde entonces, Urtubey ha intentado reinsertarse en la vida política nacional sin éxito, ensayando distintos discursos y alianzas sin lograr consolidar ninguna.

En Salta, su propio territorio, el peronismo lo mira con recelo. Las principales figuras locales ya definieron postura y lo consideran un “dirigente del pasado” que perdió contacto con la realidad provincial.

Su falta de inserción territorial complica aún más sus aspiraciones, ya que no cuenta con intendentes ni referentes que respalden su postulación.

Pese a todo, Urtubey insiste. Su entorno reconoce que está dispuesto a aceptar cualquier fórmula que le garantice visibilidad y competitividad electoral. En las últimas semanas, se mostró más flexible que nunca en sus posiciones ideológicas, lo que alimenta las críticas de quienes lo acusan de camaleónico y oportunista.

Mientras el calendario avanza, Urtubey juega sus últimas cartas para evitar quedar afuera de la discusión nacional. Pero en un peronismo en plena reconfiguración, con liderazgos difusos y luchas internas abiertas, su regreso no solo luce cuesta arriba: para muchos, ya ni siquiera es tema de debate. La desesperación, dicen algunos, es el síntoma más evidente de su ocaso político.

Opinorte