La psicóloga Soledad Hessling advierte que delegar procesos completos en la inteligencia artificial puede afectar el aprendizaje, la memoria y el criterio profesional.
La inteligencia artificial puede ahorrar horas de estudio y trabajo, pero el problema aparece cuando deja de ser una herramienta y comienza a reemplazar procesos que las personas necesitan realizar para aprender.
La psicóloga Soledad Hessling advirtió en Vale Todo por Aries que ya observa estudiantes que recurren a la IA para resumir, responder consignas y resolver prácticamente todo su proceso de estudio. La consecuencia, planteó, es un aprendizaje cada vez más fragmentado.
“Yo me pregunto: ¿qué aprenden? ¿Qué profesionales vamos a tener mañana?”, expresó Hessling al poner el foco sobre una generación que puede acceder rápidamente a las respuestas sin atravesar el proceso necesario para construirlas.
El mismo riesgo aparece en el trabajo
El problema no termina en las universidades. Hessling puso como ejemplo a un empleado que comienza su carrera profesional utilizando IA desde el primer día para resolver las tareas que debería aprender a hacer.
“De acá a cinco años, ¿va a ser el profesional que necesita la empresa? ¿Va a haber aprendido todo lo que tenía que aprender?”, planteó. Para la especialista, probablemente no, si la herramienta reemplazó desde el comienzo los procesos que debía incorporar.
Por eso propuso una diferencia sencilla: la IA debería funcionar como “copiloto” y no como “piloto automático”. Puede aportar ideas, información o acelerar determinadas tareas, pero la persona debe conservar el criterio para evaluar lo que recibe.
Más productividad no siempre significa mayor bienestar
La incorporación de inteligencia artificial también está cambiando las exigencias laborales. Hessling señaló que una tarea que antes demandaba tres horas puede resolverse ahora en una o incluso media hora.
Pero ese tiempo ganado no necesariamente se transforma en descanso. La especialista explicó que algunas empresas responden aumentando la cantidad de tareas: si ahora un informe demora menos, se piden más informes.
Así, una tecnología pensada para mejorar la eficiencia puede terminar elevando la presión sobre los trabajadores. “Más eficiencia no siempre significa más bienestar”, resumió.
Memoria, creatividad y aprendizaje
Hessling también vinculó el uso excesivo de IA con la pérdida de procesos que intervienen en el aprendizaje. Leer, resumir, relacionar conceptos y elaborar una respuesta obligan al cerebro a realizar un esfuerzo que desaparece cuando todo el recorrido se delega.
Según explicó, observa riesgos sobre la creatividad, la memoria y la capacidad de consolidar conocimientos, especialmente entre estudiantes que utilizan estas herramientas para prácticamente todas sus tareas.
La especialista no planteó abandonar la inteligencia artificial. El desafío, sostuvo, es utilizarla después de haber desarrollado un razonamiento propio y aprovecharla para sumar información o nuevas perspectivas, sin entregarle el criterio personal y profesional.
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