Política funeraria: la especialidad de Emilia Orozco y La Libertad Avanza

Resulta inevitable preguntarse si en su juramento legislativo, en lugar de la Constitución, deslizaron sin querer un obituario, porque su brújula ideológica apunta directo a las tragedias.

La política provincial ha parido una especialidad tan lúgubre como popular en las redes sociales, donde el dolor ajeno se convierte en un insumo más de la comunicación digital. María Emilia Orozco, senadora por La Libertad Avanza, ha perfeccionado el arte de la política funeraria con una dedicación que ya quisieran muchos para estudiar los expedientes que duermen en el Senado. Resulta inevitable preguntarse si en su juramento legislativo, en lugar de la Constitución, deslizaron sin querer un obituario, porque su brújula ideológica apunta directo a las tragedias.

No se trata de negar que haya responsabilidades políticas en las muertes de Vicente Cordeyro, Tiago Mendoza o Angel Lucio, nombres que aparecen con facilidad en su cuenta oficial. La exigencia de controles y la investigación de responsabilidades son deberes ineludibles de cualquier representante del pueblo que se precie de serio y comprometido con la verdad. El problema surge cuando la senadora se abalanza sobre los decesos con la urgencia de quien liquida saldos de temporada, sin respetar el duelo ajeno.

Ahora se suman a su lista los trabajadores fallecidos de Aguas del Norte, que perdieron la vida realizando tareas de mantenimiento dentro de un profundo foso del cual no lograron salir. La tragedia en las profundidades de esa excavación fue genuina, evitable y merece una investigación profunda para deslindar las responsabilidades de la empresa y el Estado provincial. Pero ver a una senadora correr hasta el borde del foso para grabar contenido antes que para consolar a las familias, sencillamente produce una vergüenza ajena difícil de digerir.

Hay cuestiones sobre las que se debe tener un cuidado muy particular y especial, sobre todo cuando se habla de muertes violentas o decesos trágicos que desgarran familias. Utilizar el cuerpo aún caliente de un trabajador para juntar votos es una bajísima calaña que no se justifica con el logo de un león rugiente ni con discursos altisonantes. La libertad avanza, ciertamente, pero en Salta parece avanzar derecho hacia la lápida más cercana, pisoteando las flores que los deudos aún no terminaron de colocar.

La oposición puede expresarse, pedir auditorías o denunciar la inoperancia estatal sin necesidad de montar un reality show que cruza lo macabro con lo electoral. La senadora Orozco parece ignorar que existe una diferencia sustancial entre fiscalizar con rigor y profanar la intimidad del duelo para alimentar el algoritmo de TikTok. El humor social salteño ya empezó a preguntarse si pronto veremos un vivo de Instagram desde la sala velatoria o una placa roja pidiendo cargos junto al libro de condolencias.

No se discute el derecho a denunciar, sino la estética miserable de lucrar con la muerte ajena como si fuera una plataforma de lanzamiento propia. La senadora Orozco sigue cavando su propio foso político con una cuchara funeraria que algún día el electorado dejará de aplaudir. Porque los vivos votan más que los muertos, aunque la campaña libertaria se empeñe en demostrar matemáticamente lo contrario con cada nueva desgracia que ocurre en la provincia.

El Intra