En los quinchos del verano de la política salteña, entre comentarios y chismes que se deslizan, surgen datos, quizás recortados pero certeros. Una observación recurrente, aún ausente en la prensa local, es el trato discrecional hacia un reducido grupo de medios que no sufrieron la quita de la pauta.
Con la oficialización del decreto 45, que congela los gastos provinciales por seis meses, el sector de los medios quedó con el Jesús en la boca, ya que la mayoría subsiste gracias a los aportes estatales. Sin embargo, se comenta que, para algunos, vinculados directamente con el oficialismo, hubo actualizaciones mínimas, pero sobre pautas que en el 2023 rozaban lo exorbitante.
Se murmura que “plata hay”, solo que está disponible exclusivamente para medios afines debidamente probados. En esa selección convergen los siempre ganadores: Mario Peña, Tito de Vita, Martín Grande, Alejandro Matus y Romero, entre otros.
Entre los protegidos, aunque no con cifras siderales, se encuentran personajes menores, pero con otras habilidades sociales; un ejemplo es el «Gordo» Puló, reconocido por su capacidad para encender las brasas cuando la mesa chica lo disponga, aunque con muy poca formación en comunicación.
Siempre acompañado de una sonrisa, el ex marido de Soledad Urtubey, se ganó la confianza del “Mono”, y pese a que solo tiene un ignoto sitio; «Salta + Iva», el cual, claro a la vista está, apenas es un taparrabos web para justificar su tajada mensual, sigue en pie con su emprendimiento low cost.
Los memoriosos no olvidan un vínculo: Ramiro Goytia Pulo, empleado de ANSES envuelto en una reciente causa de corrupción estancada, comparte un peculiar lazo familiar; su madre es la hermana de Luis «el Gordo» Pulo, y junto a su tío es parte de un medio favorecido por la pauta publicitaria, supuestamente congelada.
Tras la «suspensión de la pauta» en Salta se oculta un entramado de conexiones que solo unos pocos privilegiados son beneficiados.




