Una confusa situación se vive en el Justicialismo local: su conducción adhiere al paro y a la marcha del próximo 24, convocada por la CGT, pero a los diputados nacionales electos por ese espacio se los cuenta como los “dialoguistas” que ya acordaron con Milei.
El Partido Justicialista de Salta se encuentra en un confuso y extraño laberinto: el presidente Esteban Amat, también titular de la Cámara de Diputados de la provincia, sacó un fuerte comunicado del PJ en contra del DNU y en contra de la Ley Ómnibus. Hasta acá nada raro; el problema es que sus tres diputados nacionales, por órdenes de Gustavo Sáenz, se fueron del bloque del peronismo y ahora se los cuenta dentro del grupo de “diputados dialoguistas” que están dispuestos a dar “gobernabilidad” al presidente Javier Milei, nadie sabe a cambio de qué.
En este panorama, la conducción del PJ vernáculo debe resolver esta contradicción para llevar cierta coherencia a sus afiliados (las bases) que poco entienden las posturas y las contorsiones que la “mesa chica” del PJ debe hacer para defender la rosca de sus dirigentes.
No son pocos los afiliados que vienen manifestado su malestar por la conducción del “Tuty” Amat. Si bien asumió la presidencia hace poco tiempo, el diputado forma parte de esa mesa chica desde hace algunos años y, entienden, algunas malas prácticas de los dirigentes que la confirman se fueron profundizándose en el último tiempo. Una de ellas es hacer reuniones de la dirección casi secretas, fuera de la sede partidaria y a espaldas de los afiliados.
Además, no entiende cómo Amat no emitió ninguna resolución (tampoco hizo declaraciones públicas) sobre la decisión de Pamela Calletti, una de las apoderadas del partido, y de los también diputados nacionales -y ausentes del debate público- Pablo Outes y Yolanda Vega, quienes también formaron parte de la CAP del PJ, de irse del espacio donde confluye el peronismo (Unión por la Patria) para conformar un espacio distinto y tener diálogo con Javier Milei. Muchos de los afiliados ven este movimiento de los diputados salteños como “una estafa electoral” al movimiento peronista que confió en ellos.
Pero el descontento no es sólo con Amat, sino con la conducción en general: Allí los cañones apuntan contra la siempre funcionaria Frida Fonseca, quien ocupa cargos en el estado desde hace 20 años, contra Raúl Medina, contra Antonio Hucena, contra la propia Calletti, entre otros, porque, dicen, únicamente piensan en mantener sus cargos y no en que el Partido vuelva a ocupar el lugar que supo tener.
El PJ de Salta deberá resolver esas contradicciones para que vuelva a ser un partido creíble y logre frenar la estampida de afiliados en busca de nuevos horizontes y los contenga desde lo ideológico.




