En el intento por mostrar resultados, la gestión de Manuela Arancibia parece haber optado por forzar comparaciones y manipular lecturas de datos.
La forma en que el Ministerio de Turismo de Salta viene comunicando la temporada de verano deja una sensación difícil de disimular. Más que planificación y estrategia, lo que se percibe venir de la gestión de Manuela Arancibia es desesperación y desprolijidad administrativa. En el intento por mostrar resultados, la gestión parece haber optado por forzar comparaciones y manipular lecturas de datos que terminan debilitando aún más su credibilidad.
Comparar la ocupación hotelera de un destino turístico histórico y consolidado como Cafayate con una localidad prácticamente pegada a la capital provincial como Vaqueros, que ni siquiera cuenta con una oferta hotelera registrada significativa, no solo resulta poco serio, sino que evidencia un uso arbitrario de los datos oficiales.
Mientras tanto, la ministra Manuela Arancibia parece más enfocada en construir un relato que le permita autoconvencerse —y acaso convencer a terceros— de que su gestión no ha sido tan mala, que en atender las verdaderas urgencias del sector turístico y gastronómico.
La realidad que el ministerio no quiere confrontar
La realidad que muestran las cámaras empresarias y los reclamos de hoteleros y gastronómicos indican que la temporada turística en Salta fue con cifras bajas y expectativas no cumplidas, muy por debajo del promedio nacional. A nivel país, la ocupación hotelera promedio en enero de 2026 alcanzó cerca del 70% en los principales destinos turísticos. También hubo picos superiores al 80 y 90% en muchos casos, reflejo de una temporada positiva en general.
En cambio, en Salta la ocupación provincial durante enero estuvo en torno al 35-40% según empresarios, muy inferior a esos promedios nacionales y distante de lo que se esperaría para una plaza con potencial turístico consolidado.
La falta de una estrategia coherente y una comunicación alineada con la realidad perjudica no solo la percepción del destino, sino la credibilidad de la gestión.
¿No sería más productivo para el turismo salteño trabajar con datos rigurosos y acciones concretas, en lugar de comparaciones forzadas y marketing improvisado?
El Intra




