Los impuestos en una factura de EDESA son más de 65% del monto final

Una boleta de 95.178 pesos destina el 65,8% de su valor a impuestos y tasas, según el desglose de los servicios.

Cuando un salteño abre su factura de luz y ve un total de 95.178 pesos, probablemente piensa que está financiando una central nuclear de última generación, pero la realidad es mucho más modesta y mucho más burocrática. Si se restan los conceptos puros de electricidad y agua, nos encontramos con que el verdadero costo del servicio es apenas una fracción de lo que se paga finalmente. El resto, como suele decirse con ironía, es amor al arte o, mejor dicho, amor a la recaudación fiscal.

Desglosando los 95.178 pesos, encontramos que los costos directos del servicio suman 23.677 pesos, incluyendo el cargo fijo de electricidad por 5.398, el consumo eléctrico de 2.764, el cargo fijo de agua de 7.712 y el consumo de agua de 7.803. Contra todo pronóstico, esta cifra representa apenas el 24,9 por ciento del total de la boleta, lo que significa que menos de una cuarta parte de lo que se abona corresponde al servicio efectivamente prestado. El resto, un abultado 75,1 por ciento, se compone de impuestos y tasas de todo tipo y color.

Si a esta suma le agregamos los dos ítems de IVA que totalizan 4.972 pesos, los impuestos nacionales y provinciales representan un 5,2 por ciento adicional. De esta manera, la carga impositiva total, sumando tasas municipales e impuestos nacionales, alcanza la astronómica cifra de 62.677 pesos, equivalente al 65,8 por ciento del valor final de la factura. Los salteños no están pagando luz y agua, están pagando una cátedra magistral sobre federalismo fiscal, donde cada nivel de gobierno pone su mochila recaudatoria sobre la espalda del contribuyente.

La próxima vez que alguien se queje del precio de la energía, conviene recordarle que el verdadero negocio no está en generar electricidad, sino en generar impuestos sobre ella. Con un 65,8 por ciento de la factura destinado a tributos, la luz en Salta se ha convertido en un lujo que solo los más resilientes pueden permitirse. Y mientras los políticos discuten sobre cómo aliviar la carga, la boleta sigue llegando puntualmente cada mes para recordarnos quién manda realmente en esta provincia.

Este porcentaje de 65,8 pone a Salta en una posición incómoda frente a otras provincias donde la incidencia de impuestos en las tarifas de servicios suele rondar el 40 o el 50 por ciento. La diferencia radica en que la municipalidad local ha encontrado un filón recaudatorio que ningún otro distrito explota con tanta intensidad dentro de un mismo comprobante de pago. El ciudadano, atrapado entre la necesidad de energía y la falta de alternativas, se convierte en el único sostén de un sistema que parece diseñado para exprimir cada peso disponible.

Si se proyecta este impacto a lo largo de un año, una familia salteña que paga 95.178 pesos mensuales destina aproximadamente 752.124 pesos anuales solo a conceptos impositivos dentro de su factura de servicios. Ese dinero, que bien podría destinarse a alimentos, educación o ahorro, termina financiando estructuras estatales cuya eficiencia rara vez es puesta en tela de juicio por los propios beneficiarios. La factura de luz, en definitiva, se ha transformado en el impuesto invisible más eficaz de la provincia, porque nadie puede dejar de pagarla y casi nadie se atreve a cuestionarla en profundidad.

El Intra