Fotos pornográficas y noches de alcohol, más declaraciones en contra del ex obispo Zanchetta

 En la segunda jornada del juicio contra del exobispo por abuso sexual, seminaristas y otros sacerdotes dieron detalles que complican al exobispo. Quien fuera su chofer ratificó que Zanchetta pedía masajes y dijo que a los denunciantes los abrazaba por la espalda y les daba besos en el cuello.

La segunda audiencia oral del juicio por abuso sexual simple contra el exobispo de Orán Gustavo Zanchetta tuvo más declaraciones que no favorecen al religioso, en las cuales se ratificó la existencia de fotos pornográficas en el celular del sacerdote, como así también el consumo de alcohol excesivo con los seminaristas. 

Según indicaron diferentes testigos, Zanchetta tenía “elegidos”. “Yo era uno de ellos”, aseguró el primer testigo de la jornada Hernán Caniche, que hacía de chofer del sacerdote

El exseminarista contó que fue bautizado como “peluche” por el propio obispo y que recibió regalos como perfumes, ropa, dinero y hasta una computadora. “Yo quise saber de dónde había sacado la plata para la computadora”, argumentó.

Caniche aseguró que cuando quiso dejar el seminario porque había conocido una chica, Zanchetta se molestó. “Fue a hablar con la chica que era mi novia y le aseguró que yo volvería al seminario. Me mandaba cartas”, repasó. Luego aseguró que los pedidos de masajes eran constantes: “A mi me pidió que le masajeara los pies mientras él estaba en boxer o short”. 

Con respecto a los jóvenes denunciantes, indicó que Zanchetta les daba “abrazos desde atrás, besos en el cuello y les apoyaba los genitales”. Aseguró además que uno de ellos le contó que en Los Toldos le metió el dedo en la boca.

Los testimonios fueron subiendo de tono en cuanto a las acusaciones que pesan sobre el sacerdote que está imputado por abuso sexual simple agravado por ser ministro de culto religioso reconocido, en perjuicio de dos exseminaristas que cursaban sus estudios en el instituto San Juan XXIII.

“Para mí los elegía por el físico y también por cierta debilidad emocional”, aseveró Marcio Torina, otro exseminarista que también declaró y que aseguró que “si no se lo llevaban (a Zanchetta), podía haber sido algo mayor”.

Por otro lado, tres de los cinco sacerdotes que realizaron las primeras denuncias contra Zanchetta ante la iglesia también formaron parte de la segunda jornada del juicio. Ellos son Martín Alarcón, Gabrel Acevedo y Juan Manzano. 

Los tres curas oranenses coincidieron en que Zanchetta tenía una “omnipresencia asfixiante para con los seminaristas” y que “acudía al seminario como ningún obispo antes”. 

Los religiosos indicaron haber vivido “situaciones incómodas”. El cura Martín Alarcón, por ejemplo, indicó que Zanchetta ahondaba “mucho en la vida privada” de los seminaristas: “Caminando a la Catedral le preguntó a un seminarista cuánto median sus genitales”, relató.

Por su lado, Acevedo contó que Zanchetta tomaba alcohol e “insistía” con que todos lo hicieran. “Se tomaba cerveza, champagne, en la Catedral, en el seminario, a donde se iba”, contó sobre las “largas sobremesas” del entonces obispo, de las que siempre pedía “retirarse acompañado y luego volvía más tomado”

La foto en la que intercedió Cargnello

El sacerdote Martín Alarcón y Gabriel Acevedo, más conocido en Orán como “el padre Cololo”, declararon sobre las denuncias internas y las fotos de las que habló el Papa Francisco cuando estalló el escándalo.

Alarcón contó que, ante el conocimiento de fotos pornográficas de jóvenes y del obispo, se comunicaron primero con el exobispo de Orán, Marcelo Colombo: “Nos pidió mantener reserva pero que habláramos con el arzobispo Cargnello, que no quería aceptar la denuncia. Decía que era parte de la vida privada, pero al último nos la aceptó”, indicó antes de poner en conocimiento al Nuncio y al cardenal Poli.

“Para que no se escarpara alguna foto a la calle, se lo llevó al Papa directamente el Nuncio, no se hizo ningún papel”, contó por su lado el cura Acevedo.

El Papa Francisco aseguró a medios internacionales que en aquella oportunidad “lo mandó a llamar” y Zanchetta “se defendió bien” argumentando que le habían hacheado el teléfono. 

“Lo convenció al Santo Padre, pero no al cardenal. Por miedo no se hizo el peritaje de la foto”, agregó Acevedo que trabajaba de vicario general de la diócesis y ahora es párroco de una iglesia del barrio Güemes.

Luego de esta y una segunda denuncia Zanchetta fue trasladado al Vaticano.

Acevedo aseguró que al regreso del exobispo, observó cambios positivos: “El Papa le dio una chance más y vino cambiado completamente. Para nosotros fue una esperanza maravillosa, creíamos que había entendido que la cosa no iba por ahí, pero eso duró como mucho seis meses”, indicó en referencia a los momentos antes de realizar la segunda denuncia que si fue por escrita y ante la Nunciatura y que este medio publicó.

Según Acevedo, a los meses del encuentro de Zanchetta con el Papa, la situación era insostenible: “No manejaba ni su persona para con todo el mundo. Golpeaba la mesa y decía que el era el obispo, el sucesor de los apóstoles”.

La segunda jornada también contó con las declaraciones de dos psicólogas y en esta oportunidad fue abierta a la prensa.

Lo que dijeron las psicólogas

Una de las dos psicólogas que declaró advirtió sobre las preferencias y la situación emocional de uno de los jóvenes. “En el 2017 M. pidió verme, lo atendí y estaba muy angustiado y me mencionó que Zanchetta lo había afectado muchísimo cuando él lo había tomado casi como una figura paterna. Era una persona vulnerable, este joven tenía una situación parental muy complicada”, destacó la licenciada Mamaní que atendía algunas consultas de los seminaristas.

La psicóloga aseguró que escuchó que el obispo “le metía el dedo en la boca” a algunos jóvenes al darle la comunión. Por entonces, remitió dos cartas ante la iglesia local. En la primera, contó que pidió “que no hayan más decisiones negativas y que no hubiera más tratamiento diferencial”, y enfrentó al entonces obispo: “Le dije por qué había preocupación que alguno dejara el seminario y que otro no. Pero Zanchetta solo se encogió de hombros, como si no le importara”, destacó. La licenciada además aseguró que emitió la segunda carta cuando Zanchetta dejó el obispado porque vio que los chicos estaban “más expresivos y comenzaban a hablar”. La profesional de la salud mental además reflexionó que la respuesta de la iglesia era “limitada” porque “no sabían cómo manejar la situación”.

La otra psicóloga que declaró fue Fabiana Isa, que también colaboraba ad honorem con el obispado haciendo los test psicológicos de ingreso. Isa contó que una vez que se cruzó en la calle con el seminarista G. a quién trató por problemas de su infancia, le contó “que en Los Toldos se despertó con la mano de Zanchetta en su rodilla”. La fiscalía advirtió contradicciones en su testimonio

Fuente: El Tribuno