El poder no necesita censurar a una prensa domesticada

El deterioro del periodismo en Salta se nota cada vez más. Alcanza con mirar qué se pregunta, qué se publica y qué queda afuera. En muchas rondas de prensa, es evidente que se trata de un trámite, donde los movileros están para tirarle centros a los funcionarios.

Los llamados “autopercibidos periodistas” se acostumbraron a convivir con el poder. Algunos dependen directamente de sus dádivas, los menos tienen clientes en el sector privado, y cuando la pauta o una oportunidad de trabajo pueden depender de un funcionario, hacer periodismo de verdad deja de ser tan sencillo.

En lugar de investigar, repreguntar o buscar la otra versión, una parte de la prensa se dedica a reproducir declaraciones. El funcionario habla, el periodista copia y pega. La noticia baja armada.

El ideal de una parte del periodismo salteño parece reducido a llevarse bien con los funcionarios, conseguir pauta y tener siempre algún teléfono del poder a mano.

¿Qué independencia puede tener un medio que depende, directa o indirectamente, de quienes debería investigar?

El poder ni siquiera necesita llamar a una redacción para decir qué publicar. Muchas veces alcanza con que todos sepan cómo funciona la cosa. Quién consigue una pauta. Quién puede abrir una puerta. Quién deja de atender. A quién conviene cuidar y a quién se puede pegar.

El resultado se ve en la agenda. Salta tiene corrupción como nunca antes, pobreza, abandono en el norte, desigualdad, problemas en la Justicia, negocios del Estado y relaciones demasiado estrechas entre funcionarios y empresarios.

Temas sobran. El caso Thiago. El caso Ramasco. Las denuncias contra funcionarios y dirigentes. La emergencia de la inefableAda Zunino. Las decisiones del Ministerio Público. El papel del procurador. Los vínculos entre funcionarios, empresarios y medios.

Hay mucho para investigar. Pero si un periodista tiene un funcionario amigo al que debe cuidar, una denuncia puede terminar presentada como “una operación”. Una investigación puede convertirse en “una pelea política”. Y una pregunta que debería hacerse queda directamente afuera.

A esta altura no hace falta que Nicolas D. prohíba un tema. El periodista ya sabe solo cuándo es mejor quedarse callado. La domesticación es tal sobre quienes producen las noticias, las publican y deciden cuáles vale la pena contar, que crearon la prensa amiga perfecta.

Por Susana Del Frari

Dato Preciso