El que fuera Gobernador de Salta entre 2007 y 2019, ha asistido feliz y contento, con su esposa, sus hijas y uno de sus hijos, a una audiencia privada con el jefe de la iglesia católica en Roma.
En un post de la red Instagram, Urtubey ha dicho: «La Doctrina Social de la Iglesia es el camino y aquellos que tenemos vocación por el servicio público tenemos el imperativo moral de transitarlo, para construir todos juntos la Argentina que nos debemos».
Con esta visita, Urtubey le ha sacado alguna ventaja al senador Juan Carlos Romero, que ha intentado varias veces ser recibido en audiencia privada por el Pontífice, pero que no lo ha conseguido, a pesar de que el diario de su propiedad haya dicho alguna vez que Romero mantuvo un «cónclave» con Francisco, cuando solo pudo estar cerca de él en medio de la multitud que acude regularmente a la Plaza de San Pedro.
La arrobada declaración de fidelidad cristiana de Urtubey se produce poco tiempo después de que el exmandatario renegara públicamente de su condición de miembro de la iglesia católica. En una entrevista de hace algunos años dijo que no se sentía parte de la grey por ser divorciado y vuelto a casar, y en otra entrevista de 2024, cuando le preguntaron si cree en la existencia de Dios, respondió: «Y… ponele que sí».
Pero si el Arzobispo de Salta le ha perdonado el desliz, ¿por qué no habría Francisco de perdonárselo? Bienaventurados los que se van sin que nadie los eche y vuelven sin que nadie los llame.
Hace un poco más de cinco años, cuando encaraba el tramo final de su tercer mandato como Gobernador en Salta, desde la residencia oficial de Finca Las Costas, epicentro de su campaña presidencial, Urtubey dijo muy claramente que estaba a favor de la despenalización del aborto.
En la misma entrevista de 2024, Urtubey dijo al periodista Luis Novaresio que en Salta él estaba considerado como «zurdito», precisamente por apoyar el aborto. Parece evidente que el «zurdito» ahora piensa que «Cristo es el camino, la verdad y la vida» y que la Doctrina Social de la Iglesia no solo es la solución para todos los problemas nacionales, sino que también es un «imperativo moral» [sic].
Si bien Urtubey ya no sorprende por sus continuos saltos ideológicos o por la inusual flexibilidad de sus criterios morales, que lo llevan de un extremo al otro del espectro, generalmente cuando la situación se lo aconseja, la parroquia (y no la del Tránsito, precisamente) se ha quedado de piedra cuando en Instagram alude, en primera persona y tiempo verbal presente, a los que «tenemos vocación por el servicio público». Pero ¿cómo? ¿Acaso no había dicho hasta el cansancio que no aspiraba ya a ningún cargo y que la vida que lleva ahora junto a su esposa actriz colma todas aspiraciones vitales? ¿Por qué después de haber aliviado a los argentinos con esta declaración tan tranquilizadora ha vuelto a inquietarlos?
Todo indica que el exgobernador de Salta sigue buscando un hueco en la, para él, esquiva política nacional y ha creído encontrar en «la encarnación del Maligno en la Tierra» un aliado para su obsesiva búsqueda, sin calcular que después de esta foto vaticana los rechazos se multiplicarán más que los apoyos.
Urtubey ha advertido que las tornas están haciendo que el torrente de votos se incline a la derecha, no solo en la Argentina sino en buena parte del mundo democrático occidental, y ha decidido quitarse -creemos que por un tiempo- las ropas informales de «zurdito de los valles» para enfundarse un traje negro de derechista de las siete colinas de Roma. Un traje que luce impecable, después de haber vestido, sucesivamente, los disfraces menemistas, romeristas, kirchneristas, sciolistas, macristas y massistas, en todos los casos sin cambiar de peinado.
Felizmente, la vocación está intacta. Lo que no parece muy consistente que digamos son las convicciones, que parecen responder al viejo apotegma de «mi ideología está donde está mi bolsillo». Un bolsillo en el que ahora -o quizá desde siempre- guarda un rosario junto con la estampita del Sagrado Corazón con la cabeza de la vaquilla del Grand Prix y la copia del decreto con el que intentó establecer en Salta un protocolo para las interrupciones voluntarias de los embarazos.
Bien por Francisco que aplaude todas estas cosas.
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