Se renueva el PRO Salta para sacarse de encima a Gustavo Sáenz y a los «abuelos de la derrota”

El Partido PRO de Salta aún intenta reponerse del maremoto electoral del 11 de mayo.

El Partido PRO de Salta aún intenta reponerse del maremoto electoral del 11 de mayo. Fue una derrota de proporciones catastróficas, la peor registrada en sus últimos años y fue especialmente dolorosa en la capital provincial. Aquel bastión PRO, donde solía moverse como Juan por su casa, se le derrumbó como un castillo de naipes.

Los números no mienten, son un testimonio mudo y brutal de lo que hicieron con un partido que hasta hace dos años disputaba el poder. El suelo que pisaban con seguridad ahora es un sembrado de baldosas flojas. El resultado final fue un golpe a la quijada de la autoestima partidaria, un desastre que resonó en cada mesa donde se tomaba un café político. La hegemonía que creían inquebrantable se evaporó o la dejaron evaporarse adrede. La pregunta inevitable es qué salió tan terriblemente mal.

La respuesta, en buena medida, parece estar en la punta de la pirámide partidaria. Las actuales cabezas visibles del PRO Salta son sospechosamente cercanas al gobernador peronista Gustavo Sáenz. Este dato no es menor, de hecho, es un grave conflicto de intereses políticos. Inés Liendo y Virginia Cornejo, dos de las principales armadoras de las listas que naufragaron en mayo, no son militantes rasas.

Ambas son empleadas de Javier Milei, aliado público del gobernador Sáenz. Estas dirigentes, mientras recibían su sueldo del Estado nacional, leal a Milei y funcional a Sáenz, simultáneamente diseñaban la oferta electoral opositora del PRO provincial. La palabra «irregular» se queda corta, es más, pasó Judas Iscariote y dijo que le da vergüenza ajena.

Pero el triángulo de la debacle tiene una tercera punta, igualmente cuestionable. José Gauffin, otro nombre pesado en la estructura partidaria, carga con persistentes rumores sobre sus vínculos económicos con el gobierno provincial de Sáenz. Esta cercanía financiera añade otra oscura a un ambiente más raro que la nevada del Eternauta. Más allá de los conflictos de interés, hay otro factor evidente a simple vista. Gauffin ronda los setenta años. Virginia Cornejo los setenta y tres.

El panorama general del liderazgo PRO salteño en nada se parece a una máquina política dinámica, es más bien el motor de la calesita de un geriátrico. La renovación parece una palabra prohibida, una herejía para quienes se aferran a los sillones con sus dedos arrugados. El partido necesita gerontes, sí, pero probablemente como asesores honoríficos, no como timoneles en medio de la tormenta. La experiencia es valiosa, pero venir a imponer condiciones chapeando con el carnet jubilatorio, es demasiado.

Este escenario de derrota, alineación dudosa y gerontocracia complaciente ha generado un malestar profundo que ya no puede contenerse. Las bases, los militantes rasos, aquellos que golpean puertas y creen en los principios del partido, han dicho basta. El torrente interno entró en ebullición, hoy todos saben que la intervención vigente sobre el PRO Salta no cumplió su objetivo llenó el partido de dinosaurios con lealtades difusas. El objetivo es claro, una limpieza a fondo que expulse a los viejos vicios, y a los viejos rostros, demasiado cómodos con el poder peronista local.

Quieren despegar al partido del abrazo asfixiante de Gustavo Sáenz. Inés Liendo, sintomáticamente, parece confirmar la obsolescencia del modelo actual. Se rumorea con fuerza que sus ojos y sus ambiciones están puestos más en la Libertad Avanza que en reconstruir un PRO del que quizás nunca se sintió realmente parte. Su posible salida sería menos una pérdida y más la partida de un pasajero que ya tenía un pie en otro barco.

La renovación que el PRO Salta necesita

Frente a este desolador panorama, las fuentes partidarias empezaron a filtrar en cada mesa de café y en cada tertulia política el nombre de una figura que ha decidido romper años de perfil bajo. Nicolás Maggio, un abogado joven, ha tomado la bandera de la renovación y, según dice su entorno, está dispuesto a bancar los trapos hasta el final. Ante el último y bochornoso papelón electoral, decidió que el silencio ya no era una opción.

Maggio se ha lanzado a movilizar a las bases, del interior y la capital hacia un proyecto concreto de refundación. Con una retórica que lo acerca más a los primeros años del fundador del partido, plantea volver a ser una oposición genuina, creíble y respetable. Representa una bocanada de aire fresco en un ambiente viciado con el humo del chamuyo y las negociaciones espurias. Su juventud no es un defecto, es una promesa de cambio, ese cambio que siempre proclamó el PRO.

La apuesta de Maggio no es en solitario. En su entorno hablan de una estrategia de renovación que va en busca de dos piezas clave que puedan aportar peso, credibilidad y puedan equilibrarse en un trípode de poder. Una de ellas es Santiago García Pinto. Aunque actualmente alejado de la estructura del PRO Salta, García Pinto conserva un enorme peso específico dentro del espacio. Sus estrechos vínculos con dirigentes nacionales del partido son un activo invaluable.

Caras emergentes

Además, su perfil de empresario exitoso aporta una mirada práctica y una independencia financiera que contrasta con las sospechas que rodean a otros. La otra figura es Oriana Nevora, una joven abogada que empezó a sumar méritos. En Tartagal, un distrito históricamente complejo y hostil para el PRO, Nevora no solo compitió, sino que realizó una elección destacada, demostrando capacidad para conectar. Maggio, García Pinto y Nevora encarnan un trío renovador con potencial real.

El contraste no podría ser más nítido. Por un lado, la vieja guardia, instalada en sus hábitos, tejiendo alianzas sospechosas con cualquiera que tenga unas migas de poder para compartir, más pendiente de mantener sus prebendas que de construir una alternativa real. Políticos de otra época, cuyas «mañas» incluyen guiñarle el ojo a cualquiera que ostente un ápice de poder con tal de no soltar el suyo propio. Por otro, una nueva generación que llega con pujanza, sin las ataduras del pasado reciente, con ganas de hacer oposición de verdad, sin dobleces ni agendas ocultas. Jóvenes que no necesitan bastón, sino que se apoyan con firmeza sobre ideas claras y convicción.

Si Nicolás Maggio y su grupo logran imponer este proyecto de renovación profunda, si consiguen barrer a los «abuelos de la derrota» y cortar el cordón umbilical con Sáenz, el PRO Salta podría resurgir de sus cenizas. Octubre está a la vuelta de la esquina. Será la prueba de fuego para saber si la catástrofe de mayo fue el final de una era o el doloroso parto de algo nuevo. La provincia necesita una oposición vigorosa, no un apéndice geriátrico del oficialismo. El desafío está lanzado, la oportunidad también.

El Intra