Resulta materialmente imposible que la ministra de Educación y su secretario de Gestión Educativa no supieran que alrededor de trescientos docentes fueron nombrados este año en un colegio inexistente.
La nómina de docentes del colegio fantasma 7160 de Salta se filtró y el escándalo que involucra a Cristina Fiore y Alejandro Williams Becker crece sin control alguno. Resulta materialmente imposible que la ministra de Educación y su secretario de Gestión Educativa no supieran que alrededor de trescientos docentes fueron nombrados este año en un colegio inexistente. Las explicaciones oficiales resultan tan endebles que ni el más optimista de los funcionarios se atrevería a defenderlas en público con una mínima decencia.
Desde el Ministerio de Educación salieron a decir que los docentes ya estaban nombrados y luego fueron asignados a otras escuelas de la provincia. Sin embargo, ese argumento se derrumba estrepitosamente con las planillas aportadas a la denuncia penal ante la Fiscalía de Delitos Económicos. Todos los docentes del colegio fantasma 7160 fueron nombrados entre febrero y marzo de este año según los registros oficiales. Nombrar a alguien en un colegio inexistente para después reubicarlo resulta una ridiculez administrativa que ni el más creativo de los burócratas podría justificar.
La causa judicial avanza sobre el núcleo educativo 7160 y la docente Celia Alancay aportó documentación que compromete seriamente a la cúpula ministerial. Las designaciones irregulares habrían sido digitadas directamente desde el Ministerio que conducen Fiore y Becker sin concurso previo alguno. Es decir, el mecanismo funcionaba como una ventanilla express para acomodar amigos y parientes con sueldos estatales. La Justicia ahora deberá determinar si hubo delito aunque el daño político ya está consumado.
Hay irregularidades manifiestas en la nómina que llevan firmas y números de expedientes internos que deberían estar auditados por los organismos de control correspondientes. Una de las más llamativas es que aparecen alrededor de veinte maestros de religión nombrados en una provincia donde está prohibido dictar esa materia. Desde 2017, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la enseñanza religiosa en escuelas públicas salteñas. Alguien debería explicar cómo se nombran docentes para una materia jurídicamente inexistente.
El hijo del director de Recursos Humanos del Ministerio aparece en la nómina de los docentes nombrados en el colegio fantasma 7160. Es imposible que la ministra Cristina Fiore no haya sabido algo así y sería interesante preguntarle qué opina sobre el nepotismo administrativo. También figuran otros nombres conocidos como el de Mazzone, secretario general de la Asociación Docente Provincial. Uno esperaría que quien denuncia irregularidades educativas no termine apareciendo en las planillas de la irregularidad misma.
Uno de los nombres que más llama la atención es el de Walter Wayar, aunque no se trata del reconocido político de Cachi que fue candidato a gobernador y senador provincial. Este Wayar es un homónimo que ni siquiera vive en Salta, sino que tiene residencia fijada en la ciudad autónoma de Buenos Aires. Ese solo detalle alcanza para demostrar que su nombramiento es abiertamente irregular y que nadie verificó absolutamente nada.
Se acabó la mentira de Fiore y Becker porque el colegio fantasma 7160 es un escándalo que salpica a toda la cúpula del Ministerio de Educación salteño. Ya no alcanza con explicaciones huecas ni con funcionarios que miran para otro lado cuando les preguntan por las planillas filtradas. Alguna cabeza tiene que rodar en el Ministerio porque los salteños merecen saber quién firmó los nombramientos y con qué autoridad moral pretenden seguir gestionando la educación provincial.
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