El regreso de una derrotada
Hay videos que buscan explicar. Y hay otros que, sin proponérselo, terminan confirmando todo aquello que la ciudadanía ya juzgó en las urnas. El que publicó Bettina Romero en las últimas horas pertenece, claramente, a la segunda categoría.
“Después de más de dos años de gestión, lo que sucede en Salta no es herencia. Es gestión, o falta de gestión”, escribió la exintendenta, antes de aparecer en un video defendiendo la obra realizada durante su mandato en el puente del barrio Santa Lucía. No hubo autocrítica. No hubo prudencia. Tampoco una mínima empatía frente a un hecho que pudo terminar en tragedia. Solo una certeza personal repetida como dogma: ella no tuvo nada que ver.
El problema es que la realidad —esa que no se edita ni se filtra— volvió a imponerse.
El puente, los hechos y el riesgo
La realidad es que recientemente se desprendió parte de la estructura del puente viejo de Santa Lucía, en la continuidad de avenida Solís Pizarro. Un tabique que funcionaba como columna cayó sobre el río, en un momento en el que niños jugaban debajo. No hubo heridos de milagro. La circulación quedó totalmente prohibida y el puente cerrado por tiempo indeterminado.
La Municipalidad de Salta informó que equipos técnicos ya trabajan para determinar las causas del daño y evaluar el estado general de la estructura. El intendente Emiliano Durand fue al lugar y fue directo: “Recibimos la ciudad en muy malas condiciones. Igual la vamos a levantar”. También advirtió que por ese puente circulaban colectivos y camiones pese a las prohibiciones, y no descartó que la extracción de áridos aguas arriba haya agravado la situación.
Pero la discusión política no tardó en aparecer. Y no por iniciativa del municipio actual.
La defensa que se vuelve contra sí misma
Bettina Romero eligió responder con un video. Dijo que “quisieron instalar” que el colapso tenía relación con la obra ejecutada durante su gestión y lo negó de plano. Mostró un pilar “en pie y firme” y habló de “hechos” y de “verdad técnica”. Sin embargo, el contraataque fue inmediato y demoledor.
El intendente Emiliano Durand replicó con otro video, acompañado de una frase tan sobria como filosa: “Cuando el silencio es la mejor forma de no hacer el ridículo”. En las imágenes se ve a la propia Bettina Romero, en noviembre de 2020, recorriendo la obra y afirmando: “Trabajamos reforzando las bases del puente, colocando pilotes a quince metros de profundidad para una base más firme, garantizando la seguridad vial”.
Ese registro no es opinión. Es archivo. Y el archivo, en política, suele ser implacable.
La obra que “duraría”
La refacción del puente Santa Lucía fue presentada en su momento como parte del Plan Integral de Desarrollo Urbano Ambiental (PIDUA II). Fue adjudicada a la empresa BMI por más de 6,7 millones de pesos de entonces. Incluía luminarias, barandas, rampas de accesibilidad y pilotes de hormigón armado de más de 13 metros de profundidad.
“Este es el desafío de los gobiernos: realizar trabajos que duren y sean de calidad”, decía Romero en 2020.
Hoy, seis años después, parte de esa estructura cedió. Y no cedió en abstracto: cayó sobre un río donde había chicos jugando.
La soberbia intacta
Lo verdaderamente noticiable no es solo el desprendimiento de un puente, sino la incapacidad persistente de asumir responsabilidades. Bettina Romero perdió la reelección. La ciudadanía fue clara. Rechazó una gestión marcada por obras inconclusas, intervenciones de maquillaje urbano, anuncios para redes sociales, y una rotación récord de funcionarios: uno tras otro, renunciaron o fueron reciclados en un esquema que nunca logró orden ni rumbo.
Lejos de leer ese mensaje social, Bettina Romero vuelve cada tanto a escena con la misma soberbia con la que gobernó. No pide disculpas. No reconoce errores. No expresa preocupación por lo ocurrido. Se limita a despegarse, como si gobernar no implicara hacerse cargo también del paso del tiempo y del resultado de las decisiones.
El reciclaje político
Hoy, además, la exintendenta intenta reinsertarse políticamente desde La Libertad Avanza, buscando acuerdos por encima de dirigentes que construyeron ese espacio desde cero. Pretende aterrizar, otra vez, sin mérito propio, cargando a cuestas una derrota electoral contundente y el recuerdo fresco de una ciudad que quedó en pésimas condiciones.
El puente Santa Lucía no es un hecho aislado. Es un símbolo. De una forma de gestionar basada más en el relato que en la solidez técnica. Más en el anuncio que en el mantenimiento. Más en la foto que en la responsabilidad.
Mientras tanto, el actual intendente anunció la construcción de un nuevo puente. No un video. No una defensa retrospectiva. Una obra nueva, porque la vieja ya no da garantías.
A veces, la infraestructura habla. Y cuando lo hace, no hay discurso que la sostenga.
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