Abuso de la precariedad y la experimentación
Cuando la señora Teresa Ovejero Cornejo deje su cargo de jueza de la Corte de Justicia de Salta, será seguramente recordada en los manuales de historia por haber puesto en marcha –y sostenido– el plan piloto más largo de la historia de la humanidad. En el mejor de los casos, al finalizar su periodo será conocida por su extraoficial sobrenombre de Planpi.
El famoso plan piloto de oralidad (una reforma encubierta del Código Procesal Penal de Salta, llevada a cabo por una simple acordada) lleva ya unos cuantos años en acción y, lejos de encontrarse en fase de prueba o experimentación como su nombre podría inducir a pensar, hoy por hoy constituye la norma en el procedimiento penal salteño.
Por definción, un plan piloto es una prueba provisoria, controlada y reducida de un proyecto o idea. Ningún plan piloto nace con una vocación expansiva y permanente, como esta reforma procesal impulsada por la señora Ovejero.
La principal característica de un proyecto piloto es que se implementa en un entorno limitado (en el espacio, pero también en el tiempo), solo para probar su efectividad y viabilidad; es decir, nunca con la intención de producir resultados irreversibles que hagan inútil cualquier intento de evaluación.
Como se puede apreciar en la captura de pantalla adjunta, 5 de las últimas 8 noticias oficiales de la Corte de Justicia de Salta se refieren al plan piloto de oralidad. El famoso plan se ha convertido en una plaga y en un castigo para magistrados y justiciables.
Por tanto, son dos las preguntas que cualquier justiciable u operador jurídico debe formularse:
1) ¿Hasta cuándo todo esto va a seguir en fase de pruebas?
2) ¿Cuándo habrá una ley de la Provincia que regule estas materias?
Porque lo que parece claro es que el dichoso «plan» sigue en pruebas porque de esa forma se elude sine die el necesario debate que sobre la oralidad procesal deben dar los representantes del pueblo en la Legislatura provincial. Mientras la oralidad siga en modo «piloto» los jueces de la Corte se asegurarán de controlar a voluntad todos los resortes del proceso penal.
Si seguimos así, la señora Ovejero se va a jubilar con su plan piloto de oralidad todavía en pruebas, desafiando la lógica procesal y levantando ampollas entre los abogados que desean actuar conforme prescribe la ley, los fiscales que no dan abasto y los jueces que se resisten a ejercer como empleados de un incontrolable bazar judicial.
Iruya.com




