Milei, como Massa en 2013, caballo de Troya de Macri

Hace apenas un año y un mes, la candidatura de Manuel Adorni prácticamente duplicó en votos a los candidatos del PRO en las elecciones legislativas de la Ciudad de Buenos Aires, dejando al partido de Mauricio Macri tercero en el territorio donde nació y gobierna ininterrumpidamente desde hace 18 años. Javier y Karina Milei creyeron que podían absorberse a todo el PRO: electorado y mejores funcionarios. Subestimaron al expresidente.

Hoy, en la encuesta cerrada esta semana por Zuban Córdoba en la Ciudad de Buenos Aires, por primera vez la intención de voto de Mauricio Macri supera a la de Javier Milei y a la de Patricia Bullrich, lo que revela que se invirtió la corriente del flujo de votantes del PRO hacia LLA en 2024 y 2025, y ahora es a la inversa: desde LLA hacia el PRO.

Es en la Ciudad de Buenos Aires donde, por ser asiento de los medios de comunicación tradicionales, la influencia del periodismo es más próxima, pero puede ser una tendencia que esté anticipando lo que podría producirse en el resto del país con el efecto de retardo de cualquier ola.

Como relación conectada a la subida de Mauricio Macri se corresponde también la caída de Javier Milei, que demuestra la migración de un electorado común, pero no crece Patricia Bullrich, lo que indica que si al Gobierno le fuera mal, sus votantes se van a Macri y no a Bullrich, pero si al Gobierno le fuera bien, tampoco aumentarían los votos de Patricia Bullrich, sino los del propio Milei.

Patricia Bullrich estaría sustituyendo a Macri en la “paradoja de Jaime Duran Barba”, que prescribía que si le fuera bien a la LLA, los electores votarían por LLA, y si a LLA le fuera mal, tampoco los electores votarían por el PRO, que en su mímesis caería arrastrado por la misma mala suerte del gobierno nacional. Hoy sería Patricia Bullrich quien, si a Milei le va bien, no crecerá, y si a Milei le fuera mal, también perdería votantes o, por lo menos, no mejoraría.

De confirmarse en el futuro esta tendencia de votantes de Milei que migran a votantes de Mauricio Macri, se repetiría con el Presidente el proceso que en 2013 sucedió con Sergio Massa. En las elecciones de medio término del último período presidencial de Cristina Kirchner, la revelación de la política fue el entonces intendente de Tigre y exjefe de Gabinete de Cristina Kirchner, Sergio Massa, que con su Frente Renovador derrotó al kirchnerismo en su territorio y el de mayor caudal de votos del país: la provincia de Buenos Aires, con el apoyo de Mauricio Macri.

Massa, como Javier Milei, pudo interpretar que los votos macristas que se sumaron a su caudal propio eran definitivamente suyos, pero dos años después el presidente electo fue Mauricio Macri. Por entonces se lo expuso como la lucha entre un táctico cortoplacista como Sergio Massa y un estratega corredor de maratones como Mauricio Macri. El PRO parecía perder terreno en 2013 fortaleciendo en Sergio Massa la emergencia de una nueva estrella de la política competidora en su propio espacio antikirchnerista, pero, al revés, apoyando a Massa, logró que el kirchnerismo tuviera una derrota sobre la cual el PRO construyó luego su propia victoria.

Y ahora podría compararse que Macri, habiendo apoyando a Javier Milei, fortalecía la emergencia de una nueva estrella de la política competidora en su propio espacio antikirchnerista, pero, al revés, logró que Sergio Massa, que había sido el más votado en la primera vuelta de 2023, luego perdiera el balotaje, y al apoyar a Milei, creaba las condiciones de posibilidad para su propio éxito electoral en 2027.

Nuevamente, Milei, como Massa en su momento, y la mayoría de los analistas políticos de 2013 y de 2023/25, subestimaron a Mauricio Macri, quien podría decirles a los libertarios la frase que El Eternauta impregnó y fue apropiada por el campo nacional y popular: “Lo viejo funciona”, y los “ñoños republicanos” son su principal adversario, más temible que el que creían construir con la fantasmización del kirchnerismo.

Néstor Kirchner en 2003, para ganar las elecciones, tuvo que anunciar que mantendría al ministro de Economía de Duhalde: Roberto Lavagna. Si una mayoría suficiente de votantes le permitieran entrar en el balotaje de 2027, Mauricio Macri no necesitaría hacer explícito que mantendría a los ministros del gobierno de Milei que resultaran más valorados por los votantes, porque gran parte de ellos vienen del PRO. Hasta incluso podría devolverle el desplante y con ironía renombrar ministro de su eventual presidencia a Guillermo Francos, el más valorado del gobierno libertario por su capacidad de diálogo y empatía, virtud que carece completamente el ethos libertario.

Jorge Macri hace de la seguridad su distintivo frente a la gestión de Rodríguez Larreta y, al mismo tiempo, le quita preventivamente argumentos a una eventual candidatura de Patricia Bullrich para jefa de Gobierno de la Ciudad: ayer Jorge Macri tuiteó: “Si sos trapito, te meto preso”, por la nueva ley aprobada por la Legislatura porteña que endurece las penas. Pero la verdadera diferencia a favor del PRO sobre LLA a nivel nacional sería la empatía: “El PRO no es cruel como LLA”, podrían decir.

Justamente, la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Mercedes Miguel, vinculó la alfabetización emocional en los colegios con la formación ciudadana y debatió sobre la incorporación progresiva de empatía en los planes de estudio, como hizo Noruega, referente global en educación, campaña que en Argentina es promovida por el publicista mundialmente premiado Martín Mercado.

Gandhi, para enseñarles equilibrio a sus seguidores, utilizaba tres baldes con agua de distintas temperaturas: casi helada, casi hirviendo y otra a temperatura normal. Hacía colocar cada uno de los brazos de las personas simultáneamente en la casi helada y la templada, y luego en la casi hirviendo y la templada, así sentían cómo la templada podría parecer fría o caliente por el simple contraste con alguno de los extremos.

El PRO, que en 2015 frente al gobierno peronista que sucedía en comparación podría parecer carente de empatía, en 2027, frente al gobierno de Milei, podría mostrar como un aporte un grado de empatía social mayor que el oficialismo al potenciar el sector socialdemócrata que también integra sus filas, visibilizando figuras como María Eugenia Vidal o Silvia Lospennato, por citar algunas, justamente presidenta y vicepresidenta, respectivamente, de la Fundación Pensar, el think tank del PRO.

Carl Schmitt colocaba el ejemplo del caballo de Troya en política cuando grupos antidemocráticos utilizan las libertades democráticas para llegar al poder y luego abolirlas; el ejemplo histórico de caballo de Troya en política son los jacobinos dentro de la Revolución Francesa que terminaron desplazando a los moderados. Mayoritariamente, el ejemplo se usa para grupos radicalizados que terminan dominando a los moderados, el caso del propio Milei, “el topo dentro del Estado para destruirlo”. Que no se confíe LLA, porque en la Argentina de 2027 el modelo caballo de Troya podría suceder al revés de lo que esperaba.

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