La cronología de los hechos indica que la diputada provincial oficialista, Laura Cartuccia, a pocas horas de haber lanzado una timorata y predecible campaña de instalación interna, autoproponiéndose como candidata a intendenta del saencismo, se despachó indignada por tener que ir al shoping y que ello no le signifique el confort de apartarse del calor agobiante (que se combina con falta de agua en muchísimos lugares de la Provincia) o de la pobreza que ubica a Salta como una de las provincias con peores indicadores sociales del país.
La indignación selectiva de Cartuccia no es más que el correlato de una carrera marcada por “furcios” en el mejor de los casos… como el hecho de presentarse como abanderada de la Ley de Ficha Limpia, a pesar del oprobioso antecedente de cobrar cuatro sueldos estatales altos incurriendo en una incompatibilidad sólo explicada en la voracidad por acumular patrimonio.
Cartuccia también fue centro de críticas cuando en septiembre de 2020, cuando como médica y diputada se negó a votar una declaración que pedía testeos masivos al personal de salud de la Provincia o cuando decidió escapar por la ventana de la Legislatura en lugar de promocionar el diálogo con el sector docente que mantuvo un fuerte paro a mediados del año pasado.
Por supuesto que su afán quedó sólo en publicaciones de Twitter, no era para menos, pues se trata de una legisladora que se candidateó en la lista del PRO pero no llegó a ser electa, ya que sólo llegó quien la encabezaba, el ministro Martín de los Ríos, quien al tomarse licencia habilitó la asunción de Cartuccia.
La mediocridad, como se ve, no solo radica en la obsecuencia exacerbada hacia el oficialismo, sino también en este tipo actos marcados por la torpeza y el desprecio.
Fuente: OPINORTE




