La candidatura de Urtubey: una provocación a la memoria colectiva de los salteños

El exgobernador busca reinventarse como candidato a senador nacional. Su retorno a la escena política despierta más sospechas que entusiasmo, en una provincia harta de políticos reciclados.

Parece que Juan Manuel Urtubey no aprendió la diferencia entre haber gobernado mucho tiempo y haber gobernado bien. Tras 12 años como gobernador de Salta, tiempo suficiente para transformar profundamente una provincia, hoy su legado se resume en deudas, promesas incumplidas, retroceso estructural y marketing vacío. Sin embargo, lejos de un retiro digno o una autocrítica necesaria, el exmandatario reaparece con el mismo rostro de ambición de siempre, ahora con la mira puesta en una banca en el Senado de la Nación.

La candidatura de Urtubey es una provocación a la memoria colectiva de los salteños. Durante su gobierno, la provincia quedó atrapada en el atraso: pobreza estructural, hospitales colapsados, escuelas abandonadas, rutas intransitables y una justicia funcional al poder. Nada de eso impidió, claro, que su imagen circulara como si fuera un “presidenciable” en medios nacionales, alimentada por encuestas truchas, estilistas y asesores de imagen. Todo con “la nuestra”. Gobernó como un monarca moderno, mientras las barriadas de la provincia se hundían en la desigualdad.

Su relación con el kirchnerismo, a la que ahora quiere convencer, ha sido, por lo menos, volátil. En los tiempos en que Néstor y Cristina Kirchner, Urtubey fue un aliado obediente. Apoyaba incondicionalmente y bajaba la cabeza. Luego, cuando la marea política estaba cambiando, se convirtió en un crítico a destiempo, dejando frases de oportunismo como “se robaron hasta las cenizas de los ceniceros”. Una expresión rimbombante que no se tradujo jamás en denuncias ni acciones concretas. Palabras vacías, como muchas de las que pronunció en su carrera.

Hoy, el exgobernador intenta presentarse como una figura renovada, “moderada, racional y dialoguista”. Pero lo que ofrece no es novedad, es reciclaje. Su discurso hueco y su ambición intacta contrastan con la realidad: Argentina no necesita más senadores decorativos ni políticos que ven el Congreso como un retiro de privilegio. Necesita gente con coherencia, trayectoria transformadora y sensibilidad ante la enorme crisis social y económica que estamos atravesando. Nada de eso representa Urtubey.

Lo que Urtubey no entiende, o no quiere entender, es que su tiempo ya pasó. Y no por una cuestión de edad, sino por el peso de su propia historia. Su gestión fue una verdadera decepción larga y costosa para los salteños. Su regreso a la política nacional no es una oportunidad, sino un riesgo. El riesgo de seguir postergando los cambios que la democracia aún le debe al país.

Sería un buen momento para que el exgobernador escuche al pueblo en vez de seguir hablándose al espejo. Argentina no necesita más figuras con ambiciones desmedidas, sino dirigentes con memoria, autocrítica y verdadera vocación de servicio. Algo que, a esta altura, Urtubey ha demostrado no tener.

Opinorte