Una defensa ‘a lo Kirchner’
Cada vez que sobre el horizonte de La Quesera se formaron densos nubarrones que amenazaban con descargar sobre su figura, Urtubey abandonó calculadamente su plácido retiro para desembarcar en Salta y «defenderse» de lo que para él es, y siempre ha sido, la maledicencia organizada.
Ocurrió con anterioridad cuando los salteños descubrieron, a comienzos de 2020, que su promocionado stage en una universidad privada andaluza no tenía nada que ver, ni de lejos, con un posible ejercicio de la alta docencia y el ya exgobernador apresuradamente debió subirse a un avión para venir a dar explicaciones en Salta.
Ahora, Urtubey ha visto desde lejos cómo empiezan a salir a la luz los primeros documentos oficiales sobre su «gestión» de los más de 200 millones de dólares con que estaba dotado el nefando Fondo de Reparación Histórica, aquel engendro político/financiero que el exgobernador se sacó de la chistera y para lo único que sirvió fue para pavimentar el que a la postre sería el cómodo camino de su hermano Rodolfo hacia el Senado de la Nación.
Como era de esperar, Urtubey se defiende de las «enormidades» que se están diciendo de él como acostumbra a hacer su jefa Cristina Kirchner. Igual que la expresidenta, Urtubey dice que se trata de «una operación política» en contra suya, orquestada nada menos que por Juan Carlos Romero. Dice también que detrás de esta incalificable «operación» se encuentran funcionarios del gobierno provincial.
Pero supongamos que así fuese; es decir, que el veterano Romero sea la mano negra que mece la cuna, y el exurtubeysta Ignacio Jarsún el que esté pinchando a los auditores con un tenedor para que saquen documentos comprometedores justo cuando más daño pueden hacerle al «opositor» Urtubey.
Aunque se tratase de «una operación política», la más inmoral e impresentable de que se tenga memoria, ¿quiere eso decir que las obras del Fondo de Reparación Histórica efectivamente se hicieron y que el dinero prestado se aplicó efectivamente a lo que se tenía que aplicar?
No es inoportuno recordar que, a pesar de sus encendidas defensas «políticas», la señora Kirchner está cumpliendo una condena por corrupción. Es decir, no ha conseguido convencer a ningún tribunal de su inocencia.
Con «operación política» o sin ella, lo que parece claro es que el señor Urtubey dejó de hacer al menos el 52% de lo prometido y que hay una importante (por no decir importantísima) cantidad de dinero de aquel fondo cuyo destino final todavía se desconoce.
Encender el ventilador y decir que el presidente de la Auditoría General pescaba dorados con Juan Carlos Romero y que ambos dos usaban a pata suelta el helicóptero del Estado para sus aventuras pescaderiles, no dice mucho acerca de la utilidad social final del dinero del Fondo de Reparación Histórica. Y mucho menos despejan todas las incógnitas acerca de la financiación de la frustrada campaña presidencial de Urtubey, que costó fortunas a los salteños y nos sumió en un preocupante desgobierno, incluidas las carísimas millas del avión de la Provincia. Entre pescar dorados en el Juramento y pescar votos de incautos en Neuquén apenas si hay diferencias morales.
Urtubey parece haberse olvidado de todas las «operaciones políticas» que él impulsó contra sus opositores entre 2007 y 2019. No hay nada de malo en hacerlas, por supuesto. Lo malo es que te hagan una con argumentos aparentemente irrefutables y tener muy pocos —poquísimos— argumentos de defensa.
Pero como las nubes sobre La Quesera no dejan de crecer, detrás del escándalo de la auditoría del FRH, aparece en el horizonte, como un monstruo de tres cabezas, el caso de las turistas francesas y la amenaza de su salto al sistema interamericano de Derechos Humanos.
Urtubey ya puede ir sacando el pasaje para su próxima defensa mediática, porque a su defensa judicial seguramente va a ir gratis.
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