El PJ de rodillas: portazo fatal en el peronismo salteño

La decisión de Laura Cartuccia sacude al ya convulsionado PJ Salta, que atraviesa la crisis institucional más severa de su historia reciente.

Horas de angustia, angustia pura y dolor de patria. El peronismo atraviesa, sin dudas, la crisis institucional más severa de su historia reciente, dejando en un lejano segundo plano a la caída de Perón en el ’55 o la ruptura de los ’70. Hay conmoción nacional y las alertas rojas se encendieron de Salta a Tierra del Fuego: militantes de la vieja guardia, envueltos en llanto, ya evalúan convocar a un operativo clamor de emergencia, mientras en el cementerio de Recoleta la tumba de Evita amaneció extrañamente tapada por una montaña de flores enviadas por la militancia desconsolada.

¿El motivo de semejante tragedia histórica? La diputada provincial Laura Deolinda Cartuccia decidió presentar su renuncia irrevocable al Partido Justicialista.

El doloroso episodio quedó inmortalizado en un video que la propia legisladora subió a sus redes sociales. Es una pieza audiovisual desgarradora, no apta para sensibles, de esas que exigen pañuelo en mano. Transcurre en el hall de ingreso del partido, sobre la calle Zuviría. Allí se observa a un empleado administrativo alicaído, visiblemente derrotado por la existencia, quien toma las hojas de la misiva y se dispone a estampar los fríos sellos de recepción. En un momento de evidente estado de shock emocional —o quizás producto del impacto de semejante pérdida irreparable—, el trabajador atina a preguntarle la fecha y la hora a la mismísima Cartuccia para poder firmar.

Las hipótesis en la militancia son variadas: hay quienes dicen que el hombre sencillamente no pudo reconocer a la diputada en persona debido al uso intensivo de filtros en sus fotos de Instagram; otros sostienen que la conmoción le nubló la vista; y los más escépticos arriesgan que, simplemente, al empleado le importaba un soberano carajo el futuro político de la dirigenta.

Fiel a su estilo heroico, Cartuccia no se guardó nada y ventiló los entretelones de su martirio. Reveló que, originalmente, la «casta» partidaria ni siquiera la había convocado para integrar la lista unificada. Contó que llegó a evaluar la titanica tarea de presentar una nómina propia, hasta que finalmente cedió en pos de la unidad. “Mi figura siempre molestó dentro del armado”, sentenció con el misticismo de quien se sabe incomprendida por las grandes masas.

En Grand Bourg, mientras tanto, el saencismo intentó disimular el impacto del meteorito. “Es una pena”, dejaron trascender cerca del gobernador Gustavo Sáenz, esforzándose por mantener la compostura y sosteniendo que el armado había logrado integrar a casi todos los sectores. Una respuesta fría para semejante terremoto tectónico.

Lo cierto es que la proclamación de Julio Argentino San Millán como nuevo presidente del PJ salteño debía ser la gran coronación del gobernador Sáenz para recuperar el sello partidario e incorporarlo definitivamente a su esquema de poder. Sin embargo, la ansiada «foto de unidad» terminó pareciéndose más a un desierto: sin competencia electoral, con una sola lista oficializada, con el urtubeycismo mirando desde afuera, La Cámpora pegando el pegadizo pegazo de la ausencia y, para colmo, este portazo inesperado en el corazón del oficialismo.

La proclamación de San Millán resolvió el trámite administrativo en los papeles, pero la salida estruendosa de Cartuccia dejó al PJ desangrándose. La cuestión de fondo sigue abierta: el peronismo salteño recuperó el sello, pero la Patria entera se pregunta cómo hará para ponerse de pie tras perder a su figura más incómoda.

El Intra