El asesino más despreciable de la provincia está por cumplir su condena.
Marcelo Torrico se ha convertido en una figura detestable tras protagonizar uno de los episodios más trágicos de la historia criminal de Salta. En diciembre de 1999, fue condenado por el secuestro, asesinato y violación de los hermanos Octavio y Melani Leguina. La desaparición de los niños, ocurrida el 4 de mayo de 1998, y el hallazgo de sus cuerpos seis días después, generaron una profunda indignación en la sociedad, marcando un hito en la memoria colectiva del país.
A medida que se aproxima la fecha de su liberación, el próximo 28 de octubre, la comunidad salteña revive el dolor y el rechazo hacia Marcelo Torrico. La posibilidad de su salida ha desatado un debate intenso sobre la justicia y la reintegración social de quienes han cometido crímenes tan atroces. Aunque la ley le otorga el derecho a recuperar su libertad tras cumplir su condena, el impacto del crimen sigue latente.
Se confirmó recientemente que el asesino está planeando refugiarse en Bolivia tras salir de la cárcel. Este deseo revela su conciencia sobre el rechazo que enfrentará al regresar a una sociedad que no ha olvidado el sufrimiento infligido a la familia Leguina.
Desde el ámbito judicial, la decisión final sobre la liberación de Marcelo Torrico recaerá en un juez, quien deberá sopesar no solo el cumplimiento de la pena, sino también las implicaciones sociales de su salida. La situación plantea preguntas críticas sobre la efectividad del sistema penal en la reinserción de criminales y la capacidad de la sociedad para enfrentar este tipo de realidades.
El caso de Octavio y Melani Leguina sigue resonando en la memoria colectiva, recordando la fragilidad de la seguridad y la justicia. Después de un largo proceso judicial, los asesinos, Marcelo Alejandro Torrico y Ariel Esteban Brandán, permanecen en el penal de Villa Las Rosas, donde han pasado más tiempo que muchos otros reclusos. Mientras ambos buscan la conclusión de sus penas y luchan por la libertad.
Así fue el horroroso crimen que conmocionó a Salta
El 4 de mayo de 1998, Melani de los Ángeles y Octavio Facundo, de 6 y 9 años, desaparecieron mientras se dirigían a la escuela en Salta. Al día siguiente, la noticia de su desaparición se extendió rápidamente, y más de 150 efectivos se unieron a la búsqueda. A medida que transcurrieron los días, el número de policías aumentó notablemente, y surgieron pistas inquietantes, como el hallazgo de una mochila de Melani y ropa manchada de sangre. A pesar de los esfuerzos de la comunidad y las autoridades, la investigación se complicó y los padres de los niños fueron detenidos temporalmente entre un clima de creciente angustia y especulación.
El 10 de mayo, la tragedia se confirmó cuando los cuerpos de Melani y Octavio fueron encontrados en un descampado de La Silleta. La autopsia reveló que habían sido brutalmente golpeados y que Melani había sido violada. Ambos habían sido asesinados el mismo día de su desaparición. Este horroroso crimen dejó una profunda huella en la sociedad salteña, generando un intenso debate sobre la seguridad y la justicia, y recordando el sufrimiento infligido a la familia Leguina y a toda la comunidad.
Voces Críticas.




