Los cinco argentinos muertos en el ataque a las torres el 11 de Septiembre

Los familiares de Pedro Grehan, Sergio Villanueva y Guillermo Chalcoff vivieron los días más terribles posteriores al ataque a la Torres Gemelas y recuerdan a las víctimas del atentado, en el que también murieron los argentinos Mario Santoro y Gabriela Waisman

Los cinco Argentinos fallecidos en el atentado

Los hijos de Grehan reavivan el dolor de la pérdida de su padre tras haber sido notificados, recientemente, de que no estarán entre los beneficiarios de un juicio en respaldo de los familiares de las víctimas, por no ser ciudadanos estadounidenses. La familia de Villanueva, en tanto, convive con la posibilidad de que algún día alguien llame a su puerta con restos de ADN que reconfirmen lo que ya saben: que él asistió al World Trade Center aquella mañana invernal del 2001.

Grehan estaba en su oficina de la Torre Norte, en el piso 105, y quedó por encima de la fisura: el vuelo 11 de American Airlines fue estrellado entre los pisos 93 y 99. Villanueva llegó más tarde para luchar contra el fuego, junto a cinco colegas de la estación Ladder 132, de Brooklyn. Sus familiares estiman que murió bajo el colapso de la Torre Sur, atravesada por el vuelo 175 de United Airlines, que irrumpió entre los pisos 77 y 85.

Pedro Grehan

“Primero lo minimicé, pero cuando vi el segundo avión, supe que nuestro mundo había cambiado para siempre”, repitió, en reiteradas oportunidades, Tanya Villanueva Tepper, entonces comprometida con el joven bombero Villanueva, de quien tomó su apellido, para hacerle honor.

Junto a Grehan y Villanueva, otros tres argentinos murieron 20 años atrás, el mismo día, producto del ataque suicida del grupo jihadista Al-Qaeda que se llevó la vida de alrededor de 3000 personas. Ellos eran Guillermo Alejandro Chalcoff, Gabriela Waisman y Mario Santoro.

Sergio Villanueva

Todos tenían entre 30 y 40 años –aproximadamente– y habían emigrado a Nueva York con distintas edades en busca de una mejor calidad de vida, la cual, finalmente, no pudieron desarrollar.

La mañana del martes 11 de septiembre Tanya se acomodaba las manos y pintaba las uñas para hacer relucir su anillo de compromiso. El jueves, ella y Sergio tenían una cita para firmar el contrato con los organizadores de su casamiento. Se suponía que en breve él llegaría a la casa que compartían en el barrio de Jackson Heights, luego de haber finalizado sus 24 horas de guardia en el departamento de bomberos de Brooklyn. Pero nunca regresó.

“Cuando prendí la televisión y vi las noticias, quise confiar en que Sergio estaba camino a casa, aunque entendí que había ocurrido un atentado. Con el correr de las horas llamé a la sede de su trabajo, pero nadie me atendía, hasta que [el entonces alcalde de Nueva York, Rudy] Giuliani puso a disposición una línea para las familias de los bomberos”. Sergio había desviado su ruta, junto a cinco colegas, para combatir el fuego de las Torres Gemelas.

Por 28 días consecutivos, Tanya llamó a esa línea telefónica y recorrió la ciudad junto a Delia y Maricel –la madre y la hermana de Sergio–, quienes también vivían ahí. 28 días era el tiempo máximo que, según había escuchado, las personas atrapadas entre escombros podían llegar a sobrevivir.

“Cuando alcancé ese límite estaba devastada y decidí llamar a una médium”, detalla Tanya. Y continúa: “Lo vio. Me dijo que lo había perdido. A partir de ahí, me entregué al hecho de que Sergio no volvería a casa”.

Gracias a la misma persona que la ayudó aquel día, Tanya entendió que su prometido “tuvo el regalo de morir como un héroe”. Según relata a este medio, el bombero solía repetir que le resultaría “un honor” perder la vida en un incendio. Y eso se cumplió, a sus 33 años de edad.

Fuente: Salta Diario